
Se siente muy bien comenzar la semana tomando en el desayuno frutas jugosas que nutren y referscan todo el organismo.
Resulta una inyección de energía, de vida, de sabor en dónde solo se puede dar gracias al Padre y a nuestra Tierra por supuesto, por permitirnos este gozo de manjares que abundan para nuestro paladar.
Para que frutas así lleguen a nuestra mesa y podamos disfrutarlas es necesario que sus semillas se hayan plantado en tierra fértil, que en su crecimiento haya sido provista de agua, sol, viento y buenos cuidados por parte de quiénes la cosechan.
Así, el árbol se desarrolla firme, sano, frondoso, unido a la Tierra en sus raíces, más siempre en contacto con el Cosmos, extendiéndo sus ramas hacia el cielo como si tuviera siempre presente de dónde proviene y a dónde quiere llegar.
Todo lo que existe a nuestro alrededor nos enseña un significado más profundo, más grandioso y ante todo, nos muestra algo que está ahí como señalamientos de nosotros mismos.
¿Cuántas veces has caminado por un campo lleno de árboles frutales?¿Además de recoger su fruto, has observado con detenimiento esos árboles?
Estas cosas nos pasan muy desapercibidas porque nos han sido regaladas y hemos comenzado a acostumbrarnos a pagar por todo, mientras más caro es mejor, cuando en realidad lo mejor se da gratuitamente.
¿Y si te dijera que tú mismo eres como un árbol de frutas?
Reflexionemos entonces, hemos sido plantados en un mundo fértil, con todo lo necesario para que nuestras raíces se hagan firmes y nuestro tronco se fortalezca, para crecer y que nuestro Ser se desarrolle totalmente, dando así ramas que se extienden para cobijar con su sombra, pero sobre todo, para elevarlas al Universo en una actitud de agradecimiento y rendición ante el Padre.
Más, eso no es todo, de nuestras ramas brotan frutos, y ya que hemos sido sembrados en buena tierra y cuidados a pesar de las tempestades, nuestro compromiso es que esas frutas sean jugosas, grandes y llenas de vida.
He ahí el Camino que se ha puesto a tus pasos, se abre para que lo sigas y lo andes sin mirar atrás, sin apurar la meta, sin añorarla... es tan sólo el camino y el caminante quiénes como uno solo hacen una vida más plena, más tu alrededor esta constantemente lleno de paisajes y señales y si observas bien, tienes como guía a quien antes ha caminado por estos senderos y ha dejado sus huellas para que las sigas.
Es tiempo de andar, más de tus acciones y tus palabras surjan esos frutos enormes que deben darse, y no aquellos inmaduros, podridos e insípidos. No es solo el Verbo el que te hace Ser, sino la Acción que lo acompaña con coherencia.
Acción de Hoy: Una buena acción no es tan sólo ayudar al necesitado o acudir a eventos de caridad. Tampoco se limita solamente a ceder el paso a un peatón o abrir la puerta a una dama.
Hoy, nuestra acción consistirá en ser totalmente serviciales en dónde sea que estemos, en la oficina, calle, casa, restaurante, etc.
Lavando tus trastes, cocinando para ti y tu familia, sacando la basura, trayendo los refrescos, tomando la iniciativa de hacer las cosas que otros necesiten sin que te las pidan y sobre todo, cuidando que tus palabras vayan de acuerdo con lo que Tú vives y haces: no intervengas ni aconsejes sobre cosas que aún no estás intentado lograr en ti mismo.
0 comentarios:
Publicar un comentario