En la vispera de un nacimiento los padres comienzan a pensar en el nombre con el que bautizarán a ese nuevo ser que llega al mundo, divagan entre los nombres de seres queridos mientras el cariño y las emociones fluyen en ellos; "que se llame como tú", "si es niña vamos a ponerle chuchita como mi abuela a la que quise tanto".
La familia cercana comienza con las sugerencias, los libros de nombres se consultan una y otra vez, los acuerdos hasta llegar al gusto de ambos padres y por fin surge el nombre: Verónica.
Los años pasan y por la vida camina una niña conocida como "Vero", "Verito", "Very"; aquel nombre designado ahora genera cierto temor en ella porque sabe que cuando comete un error o alguna travesura sus padres enojados gritarán "Verónica".
Esto sucede muy a menudo y le damos poca importancia, sin embargo en estos tiempos en que nuestra vibración debe mantenerse muy alta para poder fluir con el movimiento en el mundo y evitar que aquellos sucesos negativos nos atrapen demasiado tiempo, el nombre resulta muy importante.
Nuestro nombre es también una vibración que evoca a nuestra esencia, la parte más pura, sabia y poderosa que habita en nosotros, la que en realidad puede guiarnos y llevarnos a encontrar aquello para lo que venimos, la que al manifestarse es capaz de cambiar lo externo para despejar los caminos y vencer cualquier obstáculo que se presente.
Este es el tiempo de que te llames como debes llamarte, quizá el nombre que te pusieron no sea el que sientes como tuyo, no te produce nada, quizá existe alguno que en verdad te agrade, incluso un seudónimo o apodo, a pesar de que tus documentos "oficiales" digan otra cosa, comienza hoy a usar el nombre que evoca lo mejor de ti, aquel que sientes como un impulso muy dentro de ti.
lunes, 31 de mayo de 2010
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