Cuando aun el día se encontraba en penumbra decidí meterme en la ducha, sentí la necesidad de ese contacto mágico con el agua, de hacerlo en calma, cuando la ciudad aun se encuentra en silencio, adormilada.
Procurando no desperdiciar el agua busqué la manera de ir alargando por momentos la caída del agua a través de mi cuerpo, era necesaria la purificación, la recarga energética que nos brinda este poderoso elemento junto con su Enseñanza de permanencia y cambio. En la ducha, como en los ríos y los mares el agua siempre está presente, más nunca es igual, va corriendo, moviéndose libre, llegando a cualquier rincón.
miércoles, 7 de julio de 2010
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